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100 son demasiados

Yo digo muchas cosas, me gusta oírme.
Una de ellas es que este blog no tiene pretensiones porque lo utilizo como terapia, es una de esas afirmaciones que hago, en principio por vergüenza pero que acabo dándome cuenta de que es verdad, o lo convierto en la verdad, aun no sé del todo si las cosas son como son porque las digo o digo las cosas como son sin darme cuenta, o ninguna de las anteriores, a veces solo digo tonterías.

Una de las razones por las que considero que no tiene pretensiones es porque nadie o casi nadie comenta. A mi me gusta que así sea y no, no es falsa modestia, es la verdad. Me da bastante miedo que la gente comente, cuando veo 0 comentarios pienso: ok, todo sigue en su lugar, sigo siendo la chica del pupitre de atrás que no habla con nadie, nadie ha venido a darte falsas ilusiones, tu mediocridad esta a salvo, nadie quiere arrebatártela, sigues sin tener que esforzarte para alcanzar algo que lograste fortuitamente una vez, no habrá desilusión.
También me horroriza que alguno de los que pueda hacerlo sea un conocido directo, no tengo tanta confianza con casi nadie que conozco como para mostrarme tan débil y traumatizada, tan sensible como parece que soy cuando escribo aquí, la mayoría de la gente se ha pasado la vida alabando lo fuerte que soy, así que es el papel al que me he acostumbrado, es fácil ser fuerte. En realidad no, en realidad lo que es fácil es interpretar el papel que te toca, porque levantarse cada mañana a comerse el mundo es lo más difícil que hay. Que pereza.

¿Para qué te has abierto un blog si no quieres que nadie comente? pensaría una persona normal...

Porque hay días que me estalla la cabeza y necesito soltar la mierda que llevo dentro, a la gente no le gusta que le hables de muerte, de traumas infantiles de dolor y de sentimientos de soledad y abandono, nadie te aguanta tanto tiempo si solo tienes eso en la cabeza, ni siquiera un psicólogo aunque le pagues 60 euros la hora. A veces hay que actuar , ser fuerte para que los demás estén cómodos.
Al principio si tuve pretensiones, pero era porque estaba encandilada por los blogs, había gente que se gana la vida con eso, que maravilla, ganarte la vida sin dejar la comodidad de tu hogar, que conveniente, pero no es realmente una pasión porque yo solo escribo cuando la cabeza me va a explotar, no me apasiona escribir, no sirvo para escribir nada que no sea un desahogo, tengo faltas, no tengo la formación suficiente y cuando empezaba a tener inquietudes por la literatura mi mundo se fue a la mierda. Que nadie comente para decir lo contrario por favor, no soy tan imbécil.

¿Cuantas veces se puede utilizar la misma excusa?

La muerte de mi madre sirve lo mismo para un roto que para un descosido, si no continué leyendo no es porque mi madre muriera, sino porque era una adolescente estúpida que prefería evadirse de otra forma, huir y pasármelo bien que molestarme en averiguar que tipo de libros podían enseñarme algo, esa es la verdad. Y para cuando se me paso a edad del pavo lo único que quería era enamorarme, y ahora... Ahora solo quiero quedarme embarazada, tener un hijo y poder enseñarle todo lo que yo ansió saber, volver a renacer con él, repasar cada etapa de su vida y aprender de nuevo lo importante que es todo.

Ayer me termine la revista Orsai, me ha gustado mucho y de las cosas que más me ha llamado la atención y que ansiaba leer era "sugerencia para futuros lectores" de Natalia Méndez. Las influencias son importantes y es algo que me gustaría tener claro cuando sea madre, y me hace pensar en que una de las pocas cosas que conservo de mi infancia es un libro que mi madre me regalo para reyes cuando era pequeña y no nos dejaban vernos.
Cuando lo pienso me da risa, porque es un libro tan amargo que solo me lo podía haber regalado ella. El libro se llama: El destello de Hiroshima, esta escrito por Toshi Maruki, y cuenta una historia de lo que les sucedió a Miichan, una niña de 7 años, y a su madre el día que cayo la bomba atómica en su ciudad, el libro, como todos los libros infantiles tienen poca letra de gran tamaño y es casi todo dibujos, estos son unas preciosas acuarelas de cuerpos desmembrados, sangrientas, de cadáveres desnudos, oscuros, amontonados y ondas expansivas teñidas de sangre y amanecer. No tiene final feliz, no tiene moraleja inmediata y positiva como la de la tortuga y la liebre, la única moraleja de ese libro es que la vida es una mierda porque en ella hay unos señores que matan con armas de destrucción masiva, que ese es un concepto muy distinto a lo que un niño esta acostumbrado a que le cuenten, porque el resto de adultos hablan de ratoncitos Perez, reyes magos y cosas muy tontas y que nunca son verdad.
En la primera pagina, que es de un dulce rosa, destaca escrito a mano un: Para Luna con amor y una ramita de florecitas secas que desconozco quien puso ahí.
Me gustaría saber en que pensaba el día que se le ocurrió regalármelo, seguro que no en que yo, más de 20 años después, estaría preguntándome cual era el motivo de que escogiera ese y no otro. Una pregunta a la que no tenemos respuesta, porque los muertos se van así, con cosas por explicar.
Años más tarde, cuando ya vivía con ella, creo que fue a los 12 0 13 de edad, me prestó para que me leyera 100 años de soledad, me dijo que era su libro favorito y yo me lo tome como una obligación (entonces yo ya sabía que teníamos poco tiempo para conocernos y ya la había exculpado de sus errores, para mi era normal que con sus circunstancias se hubiera equivocado tanto) quizás por esa obligación que me impuse se me hizo tan denso, lo de los nombres repetidos me irritaba, no conseguía acordarme cual de todos los Aurelianos Buendías era hijo, padre, o abuelo. Ahora que lo pienso quizás se lo compre a F a ver si así se le quitan las ganas de que le pongamos a nuestro hijo su propio nombre, que lleva también su padre, cuando vea que va a ser un lío enorme leer nuestra historia y así seguro se le pasaran las ganas. Ojalá le guste y él si pueda entenderlo.
Quizás así lo pueda leer de nuevo yo también y darle al libro la oportunidad de entenderlo en lugar de leerlo para tratar de entender a mi madre, cosa que es demasiado complicada.

Pero el titulo me sigue acojonando, 100 años son demasiados para sentir soledad.

3 comentarios:

pensaba que ya habías encendido la luz... hay cosas que a lo mejor no hay que buscar más allá de lo que son, no?

5 de enero de 2011, 14:17  

Querida Jadeth, la luz siempre está encendida, a oscuras es difícil ver. Luego cada uno ve con su propia luz, a lo mejor tratar de verlo con todas las luces es la mejor manera de entenderlo.
No soy una iluminada, solo trato de entender que pasa y por qué pasa.

6 de enero de 2011, 19:03  

Bravo Amor.

11 de julio de 2014, 23:40  

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